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jueves, 29 de mayo de 2014

Sumergida

 Agua. Silencio. Burbujas. Tres cosas que muchas veces desearíamos. Sumergirnos, flotar como si estuviésemos volando en un mundo vacío. Sentir ese frío especial, ese que se te pega a la piel y es como si te consumiera, como si te curara. Dejar de respirar, dejar de hablar. Gritar bajo el agua, un grito silencioso que a la vez es ruidoso, lleno de energía ahogada. No escuchar absolutamente nada, o sonidos muy lejanos como para preocuparnos. Tener esa sensación de libertad por unos minutos. De paz.


domingo, 25 de mayo de 2014

Pasados escondidos en la memoria

Domingo nostálgico.
Caminando, extrañando momentos de la infancia.
Recuerdos que parecían haber sido bloqueados por mi mente, días olvidados.
Rostros que ahora sólo aparecen en mis sueños, lugares que ya no son lo que eran.
Canciones que eran cantadas por una pequeña niña, que ahora parece haber desaparecido dentro de su propia alma.
Años que en su momento parecían no terminar nunca. 

Personas que creí que permanecerían más tiempo junto a mí.

Inocencia pura, teniendo como mejores amigos un peluche y a mi árbol en el que pasaba tardes leyendo, escalando entre risas, y compartiendo secretos con sus ramas. 
Ausencia de vergüenza al ridículo.
Creyendo más que nunca en Dios y en las personas.
Haciendo amigos en menos de dos segundos, corriendo, tropezando, raspándome, mojándome. 
Haciendo reventar el estómago de helado, fuera verano o invierno. 
Concursando por ver quién tomaba Coca-Cola más rápido, sin importar la descompostura que viniera después.
Pasando tardes en el patio junto con mi gata, una manta y un libro de la biblioteca (sin haber un día que no leyera uno).
Haciendo actuaciones con mi hermana, frente a mamá y papá, después de todas las cenas, ya fueran de magia o teatro.
Alquilando películas de Disney o mirando Charles Chaplin en el living de los abuelos.
Haciendo bailes frente a la entrada del cine.
Despertándonos con mi hermana absolutamente todos los Domingos a las 9:00 de la mañana para ir a las 10:00 a la Iglesia, siendo otro lugar lleno de anécdotas, desde tener charlas reflexivas hasta cuando una maestra me tiró la leche en toda la cabeza porque la jarra estaba rota. Yendo esos mediodías a la casa de los abuelos a almorzar en familia, para después pasar ahí toda la tarde, descubriendo siempre algo interesante.
Tardes jugando al sega y a la alfombra mágica.
Viviendo en la casa más chiquita que podía haber, pero viéndola como el lugar más grande y lindo del mundo. 
Navidades y Años Nuevos llenos de regalos, y de coreografías que presentábamos las primas menores al resto de la familia.
Subidas a techos, tractores, caballos, tapiales. Esquivando cables de electricidad para pasar al otro lado del campo. Campamentos.
Noches en las que quedarse hasta las 3:00 de la madrugada era lo máximo a lo que podíamos llegar (con café incluido),  y era lo más increíble.
Atardeceres, amaneceres, soplos de viento que creía que eran fantasmas que gritaban desde debajo de la tierra.
Gatos y perros vagabundos a los que les daba de comer. 

Imaginando todo el tiempo, viviendo en un mundo doble, con realidad y fantasía en un mismo lugar.


Pianos sonando ahora en mis oídos, llevándome a ese mundo lejano. A ese mundo en el que la vida parecía ser otra. 

¿Por qué será que al pasar de los años es como si todo perdiera su esencia? ¿Acaso crecer no debería también tener una esencia especial? Esa esencia sigue estando, pero no la notamos ya que está oscurecida debido a lo difícil que suele ser crecer, o lo tan diferente que es la adolescencia de la infancia.

Vuelvo atrás a cada año que pasé, y me doy cuenta de que cada día es una aventura, y que jamás nada podrá cambiarse, y que los recuerdos seguirán estando.

Y que ese sabor agridulce de tu vida es único, ninguno nunca será igual a otro.

sábado, 24 de mayo de 2014

Noches y mentes nublosas

Sábado, 4:38 de la madrugada. 
Alegres, yendo al baño a controlar que el espejo les devuelva una imagen agradable, sacando fotos, teniendo charlas de las que sólo se acordarán la mitad al día siguiente, buscando emoción, buscando diversión, nuevas y grandes sensaciones.
Queriendo reír fuerte, olvidar todo lo malo de la semana.
Se ocultan en algún lugar de la noche, y dejan que las botellas se ocupen del resto.
Viviendo el momento, sin importar lo que ocurra después.
Buscando aunque sea unas horas de inconsciencia, de satisfacción, de olvido, de risas junto a desconocidos, de bailar sin parar, de vivir rápidamente.



Haciendo que sus mentes paren por un instante y simplemente permaneciendo en una niebla constante de euforia.


¿Acaso está mal buscar eso de vez en cuando?

Ven

Ven y endulza mi alma, llénala de tus melodías susurradas, de tus risas momentáneas, de tus secretos más guardados. Llénala con el perfume de tu aroma, con tu alma en su estado más puro.

Llévame a una aventura, por una ruta desconocida. Toma mi ser y hazlo libre por un momento. Seamos como unas vacaciones permanentes. Como si fuéramos a ser eternamente jóvenes. Como esas películas de romances que jamás se olvidan de la mente del que las mira. Como dos pájaros que vuelan juntos sin importar la estación del año.


Por favor no me lastimes, yo no voy a hacerlo.


Prometo ser tu diversión más dulce, tu compañera viajera, sin dudarlo.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Palabras ilimitadas

Su vida le hacía sentir limitado.

 La realidad no siempre era tan milagrosa, aventurera, divertida o simplemente interesante como en los libros que recorrieron sus ojos en todos esos años. 

Le hubiera encantado ser amigo de por lo menos un personaje de un libro, ellos lo acompañaron más a lo largo de su vida que amigos de carne y hueso. En las tardes frías de invierno, en las noches calurosas de verano, siempre un libro le hablaba.


Un día decidió que haría algo importante, como habían decidido hacer muchos protagonistas en momentos cruciales de sus vidas. 
Y decidió escribir. Poder soñar y volcar esos sueños en historias que luego inspirarían a otras personas como a él. Imaginar un mundo, no mejor, pero diferente. Crear personas con las que podría pasar sus tardes solitarias de domingos, personas con una historia que contar. 

Expandir su mente y dejarla fluir, aprovechar sus capacidades al máximo, y disfrutar de las creaciones de las que era capaz de producir su mente. Dejar que las palabras hicieran lo suyo.


La vida no lo hizo sentir limitado nunca más.