Jamás una conexión se había sentido tan fuerte como la nuestra. Cada abrazo era infinito, y cada caricia como un pedacito de nube en mi piel.
Cuando nuestras voces se hicieron una, compartiendo la misma canción, me di cuenta de lo sola que había estado toda mi vida. La sintonía de nuestras cuerdas vocales, el sentimiento mutuo, hicieron que luego de ese mágico momento mis ojos comenzaran a inundarse, inundarse de alegría, y tristeza por saber que ese día te irías.
sábado, 27 de diciembre de 2014
martes, 7 de octubre de 2014
La ventana
Pronto su madre la vio, la abrazó fuertemente, le limpió cuidadosamente su carita, sonrió por un segundo y comenzó a llorar. La niña al ver esa escena, se acercó y le dijo:
"Mamá, aunque ahora veas todo tu mundo gris y lluvioso, como en el cielo, y aunque sientas que todo se ha ido, al igual que los pájaros que ya se han marchado, pronto todo volverá a estar bien. Miro por esta ventana todos los días y los pájaros y el sol siempre vuelven. Creo que esa certeza es lo que más me gusta de mirar a través de ella."
viernes, 29 de agosto de 2014
Duele
Duele amarte. Duele que estés lejos. Duele no ver tu mirada. Duele no sentir el calor de tu cuerpo junto al mío. Duele no saber cuándo volveré a verte. Duele no poder abrazarte. Duele no poder acariciar tu rostro. Duele no poder compartir una cena. Duele no poder sentir tus labios junto con los míos. Duele no poder acurrucarme en la cama junto a vos. Duele no poder hacer cosas que quisiera hacer todos los días. Duele no poder verte.Verte reír, llorar, emocionarte, decepcionarte. Verte feliz.
Duele no poder decirte "no estás solo" junto con un abrazo.
Y sin embargo, es un dolor dulce, el cual jamás me arrepentiré de sentir.
lunes, 21 de julio de 2014
Esa esquina
Sentado en su silla, miraba siempre hacia la calle. Mirándola a ella pasar todos los días por su vereda. Viéndola, deleitándose en su caminar, su silueta, su rostro, sus ojos curiosos. Comenzó a imaginarla a su lado, escuchando su voz, haciéndola reír, haciéndola feliz. Poco a poco comenzó a convertirse en una clase de tortura verla todos los días pasar sin poder hablarle, sin poder conocerla, sin poder comprobar si era realmente como él la imaginaba. Hasta que un día su corazón guió sus pies, su mente dejó de preocuparse y solo se centró en ella. Y la siguió. Se dirigió detrás de ella, decidido a no dejarla ir, a no perderla, hasta llegar a una esquina de la plaza. Le tocó el hombro, haciéndola dar vuelta. Y el resto fue historia. Con la rapidez en la que comenzaron a reírse y conversar, se enamoraron.
jueves, 5 de junio de 2014
Sentires
Ningún amor es igual a otro, así como ninguna persona es igual a otra.
Hay amores que duran años. Otros sólo un verano.
Hay amores que aunque terminan jamás se olvidan. Siempre queda una pequeña cicatriz oculta en alguna parte del alma.
Hay diferentes formas de sentir. Muchas veces es tanta la necesidad de afecto que la expresamos aunque quizás acabemos de conocer a esa persona hace unas horas. O quizás no es necesidad de afecto, simplemente de sentir algo, o olvidar pesares, o pasarla bien un rato. (La mente humana trabaja de una forma un tanto complicada a veces).
Pero más allá de todo, más allá de los besos que pueda recibir de extraños, de las emociones dulces que pueda sentir con ellos, al fin de cuentas es sólo momentáneo, sin futuro. Y nada se compara al verdadero amor, lo que nos impulsa a hacer cosas que creíamos que no haríamos, la razón por la que las caricias deberían existir, y no sólo por placer. Esa emoción única de sentirte la persona más feliz del mundo simplemente por tener a alguien que te completa a tu lado, que en realidad no te completa, ya que cada uno está formado y es un cuerpo independiente, es sólo una idea de tu cabeza, pero que de todos modos creés porque te hace feliz y además ¿a quién no le gusta esa idea?
Es esa sensación de revivir.
De saber que a tu lado tenés a la persona que tanto estabas esperando.
Es ver atrás y decir ¿cómo pude estar tanto tiempo lejos de vos?
Hay amores que duran años. Otros sólo un verano.
Hay amores que aunque terminan jamás se olvidan. Siempre queda una pequeña cicatriz oculta en alguna parte del alma.
Hay diferentes formas de sentir. Muchas veces es tanta la necesidad de afecto que la expresamos aunque quizás acabemos de conocer a esa persona hace unas horas. O quizás no es necesidad de afecto, simplemente de sentir algo, o olvidar pesares, o pasarla bien un rato. (La mente humana trabaja de una forma un tanto complicada a veces).
Pero más allá de todo, más allá de los besos que pueda recibir de extraños, de las emociones dulces que pueda sentir con ellos, al fin de cuentas es sólo momentáneo, sin futuro. Y nada se compara al verdadero amor, lo que nos impulsa a hacer cosas que creíamos que no haríamos, la razón por la que las caricias deberían existir, y no sólo por placer. Esa emoción única de sentirte la persona más feliz del mundo simplemente por tener a alguien que te completa a tu lado, que en realidad no te completa, ya que cada uno está formado y es un cuerpo independiente, es sólo una idea de tu cabeza, pero que de todos modos creés porque te hace feliz y además ¿a quién no le gusta esa idea?
Es esa sensación de revivir.
De saber que a tu lado tenés a la persona que tanto estabas esperando.
Es ver atrás y decir ¿cómo pude estar tanto tiempo lejos de vos?
jueves, 29 de mayo de 2014
Sumergida
Agua. Silencio. Burbujas. Tres cosas que muchas veces desearíamos. Sumergirnos, flotar como si estuviésemos volando en un mundo vacío. Sentir ese frío especial, ese que se te pega a la piel y es como si te consumiera, como si te curara. Dejar de respirar, dejar de hablar. Gritar bajo el agua, un grito silencioso que a la vez es ruidoso, lleno de energía ahogada. No escuchar absolutamente nada, o sonidos muy lejanos como para preocuparnos. Tener esa sensación de libertad por unos minutos. De paz.
domingo, 25 de mayo de 2014
Pasados escondidos en la memoria
Domingo nostálgico.
Caminando, extrañando momentos de la infancia.
Recuerdos que parecían haber sido bloqueados por mi mente, días olvidados.
Rostros que ahora sólo aparecen en mis sueños, lugares que ya no son lo que eran.
Canciones que eran cantadas por una pequeña niña, que ahora parece haber desaparecido dentro de su propia alma.
Años que en su momento parecían no terminar nunca.
Personas que creí que permanecerían más tiempo junto a mí.
Inocencia pura, teniendo como mejores amigos un peluche y a mi árbol en el que pasaba tardes leyendo, escalando entre risas, y compartiendo secretos con sus ramas.
Ausencia de vergüenza al ridículo.
Creyendo más que nunca en Dios y en las personas.
Haciendo amigos en menos de dos segundos, corriendo, tropezando, raspándome, mojándome.
Haciendo reventar el estómago de helado, fuera verano o invierno.
Concursando por ver quién tomaba Coca-Cola más rápido, sin importar la descompostura que viniera después.
Pasando tardes en el patio junto con mi gata, una manta y un libro de la biblioteca (sin haber un día que no leyera uno).
Haciendo actuaciones con mi hermana, frente a mamá y papá, después de todas las cenas, ya fueran de magia o teatro.
Alquilando películas de Disney o mirando Charles Chaplin en el living de los abuelos.
Haciendo bailes frente a la entrada del cine.
Despertándonos con mi hermana absolutamente todos los Domingos a las 9:00 de la mañana para ir a las 10:00 a la Iglesia, siendo otro lugar lleno de anécdotas, desde tener charlas reflexivas hasta cuando una maestra me tiró la leche en toda la cabeza porque la jarra estaba rota. Yendo esos mediodías a la casa de los abuelos a almorzar en familia, para después pasar ahí toda la tarde, descubriendo siempre algo interesante.
Tardes jugando al sega y a la alfombra mágica.
Viviendo en la casa más chiquita que podía haber, pero viéndola como el lugar más grande y lindo del mundo.
Navidades y Años Nuevos llenos de regalos, y de coreografías que presentábamos las primas menores al resto de la familia.
Subidas a techos, tractores, caballos, tapiales. Esquivando cables de electricidad para pasar al otro lado del campo. Campamentos.
Noches en las que quedarse hasta las 3:00 de la madrugada era lo máximo a lo que podíamos llegar (con café incluido), y era lo más increíble.
Atardeceres, amaneceres, soplos de viento que creía que eran fantasmas que gritaban desde debajo de la tierra.
Gatos y perros vagabundos a los que les daba de comer.
Imaginando todo el tiempo, viviendo en un mundo doble, con realidad y fantasía en un mismo lugar.
Pianos sonando ahora en mis oídos, llevándome a ese mundo lejano. A ese mundo en el que la vida parecía ser otra.
¿Por qué será que al pasar de los años es como si todo perdiera su esencia? ¿Acaso crecer no debería también tener una esencia especial? Esa esencia sigue estando, pero no la notamos ya que está oscurecida debido a lo difícil que suele ser crecer, o lo tan diferente que es la adolescencia de la infancia.
Vuelvo atrás a cada año que pasé, y me doy cuenta de que cada día es una aventura, y que jamás nada podrá cambiarse, y que los recuerdos seguirán estando.
Y que ese sabor agridulce de tu vida es único, ninguno nunca será igual a otro.
Caminando, extrañando momentos de la infancia.
Recuerdos que parecían haber sido bloqueados por mi mente, días olvidados.
Rostros que ahora sólo aparecen en mis sueños, lugares que ya no son lo que eran.
Canciones que eran cantadas por una pequeña niña, que ahora parece haber desaparecido dentro de su propia alma.Años que en su momento parecían no terminar nunca.
Personas que creí que permanecerían más tiempo junto a mí.
Inocencia pura, teniendo como mejores amigos un peluche y a mi árbol en el que pasaba tardes leyendo, escalando entre risas, y compartiendo secretos con sus ramas.
Ausencia de vergüenza al ridículo.
Creyendo más que nunca en Dios y en las personas.
Haciendo amigos en menos de dos segundos, corriendo, tropezando, raspándome, mojándome.
Haciendo reventar el estómago de helado, fuera verano o invierno.
Concursando por ver quién tomaba Coca-Cola más rápido, sin importar la descompostura que viniera después.Pasando tardes en el patio junto con mi gata, una manta y un libro de la biblioteca (sin haber un día que no leyera uno).
Haciendo actuaciones con mi hermana, frente a mamá y papá, después de todas las cenas, ya fueran de magia o teatro.
Alquilando películas de Disney o mirando Charles Chaplin en el living de los abuelos.
Haciendo bailes frente a la entrada del cine.
Despertándonos con mi hermana absolutamente todos los Domingos a las 9:00 de la mañana para ir a las 10:00 a la Iglesia, siendo otro lugar lleno de anécdotas, desde tener charlas reflexivas hasta cuando una maestra me tiró la leche en toda la cabeza porque la jarra estaba rota. Yendo esos mediodías a la casa de los abuelos a almorzar en familia, para después pasar ahí toda la tarde, descubriendo siempre algo interesante.
Tardes jugando al sega y a la alfombra mágica.
Viviendo en la casa más chiquita que podía haber, pero viéndola como el lugar más grande y lindo del mundo. Navidades y Años Nuevos llenos de regalos, y de coreografías que presentábamos las primas menores al resto de la familia.
Subidas a techos, tractores, caballos, tapiales. Esquivando cables de electricidad para pasar al otro lado del campo. Campamentos.
Noches en las que quedarse hasta las 3:00 de la madrugada era lo máximo a lo que podíamos llegar (con café incluido), y era lo más increíble.
Atardeceres, amaneceres, soplos de viento que creía que eran fantasmas que gritaban desde debajo de la tierra.
Gatos y perros vagabundos a los que les daba de comer.
Imaginando todo el tiempo, viviendo en un mundo doble, con realidad y fantasía en un mismo lugar.
Pianos sonando ahora en mis oídos, llevándome a ese mundo lejano. A ese mundo en el que la vida parecía ser otra.
¿Por qué será que al pasar de los años es como si todo perdiera su esencia? ¿Acaso crecer no debería también tener una esencia especial? Esa esencia sigue estando, pero no la notamos ya que está oscurecida debido a lo difícil que suele ser crecer, o lo tan diferente que es la adolescencia de la infancia.
Vuelvo atrás a cada año que pasé, y me doy cuenta de que cada día es una aventura, y que jamás nada podrá cambiarse, y que los recuerdos seguirán estando.
Y que ese sabor agridulce de tu vida es único, ninguno nunca será igual a otro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





.jpg)